IOR - Instituto de Oncología de Rosario

Neurotransmisores en cáncer: experiencia piloto


INTRODUCCION


La siconeuroinmunoendocrinología (PNIE) es la rama de la medicina que tiene por objeto el estudio de las relaciones entre los cuatro sistemas de control con que cuenta el organismo humano: el sicológico, el neurológico, el endocrinológico y el inmune; y la forma en la que ellos se relacionan.
Hoy se sabe que cada uno de estos sistemas es capaz de intercomunicarse con el otro y de actuar sobre sí mismo (automodulación) a través de moléculas llamadas mediadores químicos (hormonas-interleukinas-neurotransmisores) que son reconocidos por todos los sistemas ya que todos poseen receptores para ellos.
Se trata de una red de sistemas comunicados, funcionando como un todo, en permanente conexión con el medio externo. El disbalance de uno de ellos traerá como consecuencia un disbalance en los otros también.
La idea de cómo el hombre se enferma, porqué enferma, cómo sus historia y sus conductas inciden en el proceso de enfermedad se presenta, desde siempre, como una polémica fascinante.
En esa búsqueda intentamos lograr una mayor comprensión del proceso de enfermar, de la relación entre el ambiente cotidiano y las enfermedades, y de cómo las diferencias individuales le otorgarán distintos matices a este proceso de enfermedad.
El pensamiento Cartesiano al separa Mente–Cuerpo creó una dicotomía que le llevó años de integración a la Medicina, logrando unir lo que desde la filosofía se había separado.
Que una emoción en conflicto pueda influir en el cuerpo y determine una afección, hace años que se sabe.
Tanto en la medicina en general como en la sicología contemporánea existió siempre un  profundo interés en determinar la importancia de los factores emocionales en el desencadenamiento o exacerbación o control de las enfermedades orgánicas.
La idea de Unidad Mente-Cuerpo hoy es aceptada ampliamente, y sus evidencias son innumerables y provienen de la Medicina Sicosomática en un intento de considerar que determinados procesos mentales pueden verse reflejados en el organismo, con manifestaciones clínicas y bioquímicas determinadas.
En la última década se han presentado trabajos acerca del efecto del stress sobre el disparo de enfermedades.
Se sabe que el stress activa ciertas respuestas biológicas que tienen una doble característica; por un lado pueden proteger al organismo pero también pueden dañarlo.
Tanto el stress agudo que incluye las respuestas de lucha y fuga, como el stress crónico que incluye la carga acumulativa de eventos cotidianos, tienen consecuencias a largo plazo.
Se llama Alostasis a la capacidad de producir cambios adaptativos para lograr la estabilidad. Esta alostasis, desarrollada por el SNC, el eje Hipotálamo-Hipófisis, los sistemas inmunes y metabólicos, protege al organismo preparándolo para afrontar los desafíos de la cotidianidad.
Pero ante un stress crónico, la hiperactividad sostenida de estos sistemas, necesarios para adaptarse, tiene un efecto a largo plazo que se ha dado en llamar “carga alostática”.
Si estos sistemas no encuentran un momento para recuperarse, al estar continuamente hiperestimulados, alguno de ellos comienza a trabajar deficientemente generando en los otros una hiperactividad compensatoria.
En la gran mayoría de los casos en los que ocurre una respuesta al stress prolongada, hiperactiva, no contraregulada o no frenada, y en la cual el organismo no tiene períodos de recuperación de la normalidad, culmina en estados distímicos que serían el resultados sicopatológico a largo plazo de esa “carga alostática o sobrecarga vital o burn out”.
El cerebro, mediante una evaluación cognitiva, traduce experiencias vividas en activación de mecanismos compensadores, que a su vez emplean mediadores químicos que son señales de intercomunicación entre sistemas.
Entre estos mediadores podemos citar: glucocorticoides, catecolaminas y su metabolito MOPEG, CRF, aminoácidos excitatorios, citoquinas, otras monoaminas: 5 hidroxitriptamina,  histamina, dopamina o sus metabolitos, etc.
Qué produce esta “carga alostática”?
En cerebro: atrofia y muerte neuronal, déficit cognitivos.
En la conducta: ansiedad, depresión.
En el aparato cardiovascular: ateroesclerosis, hipertrofia ventricular, hipertensión.
En el metabolismo: obesidad abdominal, insulinoresistencia.
En el sistema inmune: respuestas alteradas, fatiga, enfermedades autoinmunes e inflamatorias, cáncer?
Pensemos ahora, con estos conocimientos a nuestro alcance, sería tan poco probable que una persona que porta una carga alostática importante durante su vida, hiperestimulando estos sistemas sin conseguir períodos de recuperación, dispare a largo plazo algún tipo de CANCER?.
Será el cáncer una muestra de un sistema inmune disregulado en conjunción a un estado distímico o depresivo previo?
Será para algunas personas la única forma de escape posible?
Existe mucha información acerca de la relación entre sucesos traumáticos y aparición de cánceres descriptos desde la estadística, de la psiquiatría y la antropología; pero no hemos encontrado información que relacione el cáncer con marcadores que desde la psiquiatría biológica se correlacionan con estados de bienestar o depresión.
Nos propusimos entonces, medir marcadores bioquímicos para investigar si existe alguna relación entre los mismos y pacientes portadores de cáncer.
Elegimos tomar 5HT y fenil etil amina (FEA) (cuyos niveles por debajo de los normal se asocian a depresión) y el metabolito de adrenalina y noradrenalina (MOPEG) urinario, cuya elevación se coliga a ansiedad.


MATERIAL Y METODO

Llevamos a cabo un estudio observacional con 63 pacientes con diagnóstico de cáncer en distintas etapas evolutivas, en el período Julio 2003 – Marzo 2004.
Las muestras fueron procesadas por le mismo laboratorio.
Se consideraron, como valores normales para la población los referidos por la bibliografía:
5HT (serotonina plaquetaria):      2.9 – 4.7  pmol/106 plaquetas
FEA (fenil etil amina plaquetaria):    130 – 450 g/24 hs
MOPEG urinario:             1.3 – 3.3  ng/24 hs
Se realizó un análisis descriptivo con cálculo de distribuciones de frecuencia, medidas de posición central y de dispersión.


RESULTADOS

NIVELES DE SEROTONINA


Figura 1


El 77.6% de los pacientes presentó valores inferiores a los normales, es decir  este marcador evidenció un estado de depresión en los mismos (Fig. 1).
El nivel promedio fue de: 2.26 pmol/106 plaquetas (EE=0.20) y su mediana de 1.82 pmol/106 plaquetas (r: 0.51 – 7.89). Estos valores fueron significativamente inferiores al valor medio normal (p < 0.01).


NIVELES DE FENIL ETIL AMINA

Figura 2


El 74.1% tuvo niveles inferiores a los normales, también marcando un estado depresivo en ellos. (Fig. 2) La mediana fue de 88.50 mg/24 hs (r: 16 – 697). El nivel promedio  fue 119.70 mg/24 hs (EE=14.67), siendo significativamente menor al promedio normal (p < 0.01).


NIVELES DE MOPEG


Figura 3


El 54.5% mostró valores dentro del rango normal, mientras que el 32.7% lo hizo por encima de ellos. (Fig. 3) Su promedio fue de 2.93 mg/24 hs (EE=0.20) y su mediana: 2.64 mg/24 hs (r: 0.90 – 6.90)
Analizando FEA y Serotonina conjuntamente encontramos que el 98% de los pacientes se ubicaron con valores por debajo de los normales. (Fig. 4)


NIVELES DE SEROTONINA Y FENIL-ETIL AMINA


Figura 4


DISCUSION

Es claro que en pacientes portadores de cáncer, Serotonina y FEA se encuentran francamente disminuidos.
Esto nos lleva indefectiblemente a varias preguntas:
a)    las alteraciones que detectamos son previas a la aparición del cáncer o son consecuencia del mismo?
b)    Su corrección tiene alguna relación con la calidad de vida y eventualmente con la sobrevida?
c)    La detección temprana, como screening, de estas modificaciones podría servir para retardar o impedir el desarrollo de un cáncer?.

Decimos ésto en especial para aquellos, como nosotros los oncólogos, que estamos sujetos a una profunda y prolongada exposición al stress y en recuerdo a Noemí Fissman quien nos proponía el cuidado de los cuidadores.
Es claro que hay más dudas que respuestas, pero creemos que vale la pena informar de este hallazgo que comenzó como la búsqueda de los “marcadores del alma”.


REFERENCIAS


1.-    ARIAS P. y otros: “Stress y procesos de la enfermedad. Psiconeuroinmuno-endrocrinología: Modelos de integración mente y cuerpo ”. Ed. Biblos 1998.
2.-    MARQUEZ LOPEZ MATO A.: “Psiconeuroinmunoendocrinología: Aspectos epistemológicos, clínicos y terapéuticos”. Ed. Polemos 2002.
3.-    MARQUEZ LOPEZ MATO A., BOULIOSE O.: “Introducción a la bioquímica de las depresiones”. Nurosicofarmacol.Clin. 2000; 5 (4): 5 – 11.
4.-    LITOVSKA S., NAVIGANTE A., LEWI D.: “La hipótesis biológica de la esperanza”. Rev.Arg.Med. 2001; 3 (4): 175 – 178.
5.-    RAY O.: “Cómo la mente enferma y cura al cuerpo”. Cong.Arg. de Psiquiatría. Simposio GADOR 2003.
6.-    BONET JL.: “El stress como factor de vulnerabilidad: de la molécula al síndrome”. Cong.Arg. de Psiquiatría. Simposio GADOR 2003.
7.-    QUINTANA J.: “Plaquet serotonin and plasma tryptophan decreases in endogenous depresión. Clinical, therapeutic and biological correlations”. J.Affect Disord 1992; 24 (2): 55 – 62.
8.-    SHELINE YI et.al.: “Platelet serotonin markers and depressive sympomatology”. Biol.Psychiatry 1995; 37(7): 442 - 7.
9.-    ANDREU A., GLENN T.: “Major depression and demoralization in cancer patients: diagnostic and treatment considerations”. Supp.Care Cancer 2001; 9: 344 - 349.
10.-    POTASH  M., BREITBART W.: “Affective disorders in advanced cancer”. Hemat.Oncol.Clin. of N.Am. 2002; 16(3): 671 – 700.
11.-    SARRIAS MJ., ARTIGAS F.: “Decreased plasma serotonin in melancholic patients: A study with clomipramine”. Biol.Psychiatry 1987; 22 (12): 1429 – 38.
12.-    LEBOYER M., QUINTIN P., MANIVET P.: “Decreased serotonin transporter binding in unaffected relative manic depressive patients”. Biol.Psychiatry 1999; 46(12): 1703 – 06.
13.-    FREIRE-GARABEL M., REY-MENDEZ M. y col.: “Effects of nefrazodone on the development of experimentally induced tumors in stressed rodents” Psychopharmacology (BERL) 2004; in publ.

PUBLICADO

Oncología Clínica  2004-9 (3) 1107-9

Fuente: Dr. Queralt F., Dra. Zappala S., Dra. Ostera D.